dimarts, 17 de febrer de 2015

¿Cómo funcionan los koans?

"Funcionar" es seguramente una mala expresión para hablar de koans. Pero aún más horroroso habría sido "Para qué sirven los koans" así que dejamos "funcionar" y que cada uno se imagine lo que quiera.

En el lenguaje cotidiano es una palabra que poco se va introduciendo. Aún no la vamos a encontrar en una conversación de bar o de Whatsapp, pero no es imposible en un articulo de prensa o en una revista encontrarnos la palabra "koan" como sinónimo de "embrollo". Así, cuando Obama viaja a Oriente Medio se encuentra con el koan de la relación Israel-Palestina o un estudiante que ha de empezar a estudiar en la universidad tiene que enfrentarse con el koan de qué carrera escoger.

Huelga decir que un koan es bastante más que eso. Los embrollos citados arriba se resuelven de forma más o menos racional -o así lo esperamos en el primer caso- y en el segundo uno puede simplemente tirar de la razón también o decidir hacer una cosa absurda e inútil pero que le apetece, como estudiar filosofía ;-D

Si nos movemos a la literatura "seria", la interpretación standard de los koans los asocia a paradojas lingüísticas que nos obligan a ir "más allá del lenguaje". Algo de eso hay en los koans, sin duda, pero no podemos reducirlos a juegos de palabras del tipo "Qué pasa cuando una fuerza irresistible se enfrenta a un objeto inamovible".

A pesar de su aspecto estrambótico y gratuito, los koans responden a problemas vitales centrales. Así que tampoco están tan lejos de los "embrollos". A nosotros ahora mismo la pregunta "tiene un perro naturaleza de Buda" seguramente no nos quitará el sueño, pero al monje que abordó a Joshu con esa pregunta claramente era algo que le preocupaba. ¿Cómo puede un simple perro tener naturaleza de Buda como yo, que soy un ser humano, con la capacidad de pensar, razonar, meditar? Y en realidad, si la traducimos a nuestra forma de hablar actual, es también una preocupación nuestra. En el fondo está cuestionando "¿Nos diferenciamos en algo de un perro?"

Los koans no se resuelven  a través del intelecto, no son paradojas o adivinanzas para ejercitar nuestro pensamiento lógico. Los koans apuntan a una realidad más allá del lenguaje escrito. Consideremos este koan:

"Mientas camino, cabalgo en un búfalo"

La razón nos dice que uno no puede caminar y cabalgar en un búfalo al mismo tiempo. Pero este koan no está simplemente describiendo una realidad imposible para que nos demos cuenta que "el lenguaje no representa la realidad". El koan no está presentando una oportunidad de experimentar lo inefable, sentir en nosotros la no separación entre nuestro ser y el universo.

Detrás de cada koan hay una posible experiencia. Los koans no se analizan, sino que se viven. Hay que tratar ser mu, hacer callar la campana, o cabalgar y caminar al mismo tiempo.

En el dokusan, o entrevista con el maestro, cuando nos pregunte un koan tenemos que mostrar en una acción espontánea nuestra, como hemos incluido ese koan en nuestra experiencia del mundo, como lo hemos vivido.

Consideremos este koan:
Un día unos monjes encuentran un gato y están discutiendo sobre quien debería ser su propietario. El maestro Nansen escuchó la conversación, apareció con un cuchillo, tomó el gato en sus manos y anunció: "Si alguien es capaz de pronunciar una palabra de auténtico zen salvaré al gato." Ningún monje fue capaz así de Nansen acabó con el gato.
El maestro Joshu había estado fuera, al volver, Nansen le contó la historia. Como respuesta, Joshu se puso una sandalia en la cabeza. Nansen respondió: "Si hubieras estado aquí, el gato se habría salvado".

La historia es completamente absurda en su superficie, pero observemos que no es simplemente pseudo-frases para crear en nosotros la creencia de que el lenguaje no puede explicar la realidad. En primer lugar, observemos como se busca crear una emoción en nosotros. Matar un gato tan caprichosamente nos presenta a Nansen como alguien cruel, muy alejado del estereotipo de maestro zen con la eterna sonrisa beatífica de lobotomizado. Y ponerse una sandalia en la cabeza para "resolver" el problema es casi una bofetada a nuestro sentido ético.
Vaya por delante, para los amantes de los gatos, que casi seguro que Nansen nunca mató ningún gato. El gato aquí representa nuestros deseos, nuestros apetitos, aquello a que nos aferramos, pero que no entendemos como para salvarlo cuando está en peligro. La escena es vívida y con detalles como las sandalias para que podamos representarnosla en nuestra mente e intentar vivirla.
La respuesta de Joshu es instantánea, pre-racional, y muestra cuál es su posición en relación a los aferramientos.
Uno puede estudiar koans simplemente leyendo antologías de ellos, hay bastantes y bastante buenas. La Barrera sin puerta es una excelente edición del roshi Shibayama traducida al castellano de la colección de koans conocida como el Mumonkan.  También es muy recomendable Bring me the Rhinoceros de John Tarrant, que está pensado más como una guía  práctica para utilizar los koans.
No hay nada malo en leer libros sobre koans, y pensar sobre ellos, pero como dispositivo para el despertar no funcionará. Finalmente, un koan solo tiene sentido en una práctica entre maestro y estudiante. El maestro, que ha seguido una serie de koans y los ha resuelto todos satisfactoriamente, es el que sabrá indicar, según nos va conociendo, como hay que interpretar un koan determinado y si nuestra respuesta es correcta o no. Uno puede leer decenas de libros sobre técnicas sexuales pero para alcanzar el orgasmo necesitará algo más que leer.




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